11/07/2012

Infinito


Me veo en los ojos de los demás, me reflejo en los colores que enseñan sus pupilas, e imagino cómo con un pequeño bisturí me convierto en un clásico y rajo esas imágenes deformes que quiero olvidar. Cierro los ojos, esperando que los murmullos del viento en realidad sean llamas que rugen en voz baja para asaltarnos a todos por sorpresa. Si abro los ojos, sólo en mi interior descubro la vasta llanura libre que se esconde en algún punto de mi mente, donde se dice que existe un nuevo país, o quizás al escribirla se haya desordenado esta frase. Me muevo mientras estoy quieto y tumbado, a salvo de todo, de todos y sobre todo de mí. En algún momento, el aire, he de suponer, me acaricia, la conciencia me agarra con sus afiladas uñas y tira de mis párpados con fuerza, ignorando mis suplicas. Mis ojos, los reales, se abren.... El resultado es el que imagináis, el mundo sigue allí. El techo me compadece, lo sé. Él me ha visto y debe soportarme a diario, pienso que cada día está unos centímetros más bajo, como el cielo, como toda esta ciudad que únicamente quiere oprimirme y dejarme sin respiración. Que lo haga de una vez por todas. Piensa que ganará, pero no sabe que deshacerse de mí es mi ganancia y no la suya, yo ya hace tiempo que me fui, crucé las puertas. Ahora sólo pueden ser dueños de mi cuerpo en descomposición lenta, en decadencia cadenciosa. Yo sigo en la llanura en la que hay nuevos brotes, no volveré a aceptar nada más que no sea el infinito.

10/18/2012

Adicciones


Nuestras adicciones son tan fáciles de juzgar y tan difíciles de comprender. Supongo que como todo aquello que no puede ser controlado mediante la lógica. Vives con ello día sí, día también y, pese a que cada cosa que pienses esté a favor de renegar de la fuente de la adicción, no puedes evitar sentir ese deseo que urge, que se revuelve allá donde ya no alcanzas a ver. Abandono porque se que lo que hago es malsano y que me destruye, pero no lo noto, no lo veo, así que no me asusta y continúo. Todos me miran con superioridad, algunos me compadecen y alguien en concreto me mira ya desde hace tiempo con nostalgia, como si mi fin hubiese llegado con mi confesión. El caso es que ellos no lo entienden, en mi soledad solo ese es mi consuelo. Mi droga me visita todas las noches, me despierta por las mañanas, se cuela por las ventanas, por los resquicios de la puerta que nos separa. Noto su olor, noto su atracción y empieza a llegarme el vibrar tan característico de su presencia, dedo a dedo y de repente hay una explosión en mi nuca y se me erizan todos los vellos en árbol, desde allí hasta los pies. Me mira. ¿Quién la enseñó a mirar de esa manera? Sus pestañas de mariposa se baten y disparan balas del calibre nueve directas a mi corazón. Ya me vuelvo blando, ¿y qué?
Piden sinceridad, quieren saber cómo y porqué, pero si les doy una respuesta piensan sobre mí que soy un estereotipo, que soy un actor interpretando a un romántico cualquiera. ¿Si?, no me importa. ¿Porqué habría de importarme? Nadie quiere saber la verdad, la sinceridad es sucia, es un esputo en la magnánima realidad de plástico que todos tienen. Rompe los telones de romanticismo y nos deja desnudos, en el mal sentido, con todas nuestras imperfecciones a la vista. Es asquerosa, nadie la quiere menos yo. Ella es sincera, porque no esconde cuanto ansía que la persiga, que me deje maltratar suavemente para que en el clímax, cuando el mundo desaparece yo solo pueda oír su respiración y ella dirigir la melodía que marca la mía. 

10/02/2012

Palabrería


¿Qué es un error?

Se dice que es el fruto de la ignorancia y la imprecisión. Por lo que es error el camino, que es en si desconocido y lo marcan las leves huellas que dejamos.
El camino es historia y es error, que también es repetición. La repetición cíclica de hechos, miedos, filosofías y conspiraciones es etérea, por querer definirla tan sólo con una palabra, diría incluso que no es.

Dejar salir justo todas y cada una de las palabras necesarias es imposible. Todas se amontonan, pegadas al muro de aduanas y todas te miran desde las ventanas. Las malas pueden pasar antes, a nadie le importa dónde vayan. Siempre vuelven y están tan usadas... se prostituyen por tan poco que en un tiempo acaban en blanco, sin significar nada. Esas no son para ti. Luego hay otras que también se agrupan y salen, jóvenes y alocadas, inexpertas, que se equivocan y enrojecen al encontrar silencios justo en la curvatura de tu sonrisa. Esas se avergüenzan y vuelven a casa pensando no volver a salir la próxima vez que se embriaguen de ti, aunque todos sabemos que lo harán. Pero, ¿dónde están esas que yo quiero darte? Maniatadas, entre rejas, mirando hacia el mundo sin poder tocarlo. Esas te ven y te sostienen la mirada, esas casi no tienen letras, o quizás sea que yo no las se combinar. A las que están encadenadas nunca las he visto, pero me han dicho que si se comparten, se convierten en el camino y el error acaba siendo también la solución.

3/14/2012

Sombras

“I dreamed I was only a shadow on the sun”

A lo largo del día las sombras solo podían esconderse tras los árboles, tras los edificios, tras los viandantes... siempre tímidas y sobrecogidas, temerosas de que el sol las rechazara y las eliminara de la realidad. “Maldito sol, siempre tan cruel”, paralizando sus vidas día a día. Las mañanas y las tardes rezagadas pasaban con lentitud impidiendo que pudiesen disfrutar de los momentos en los que todo estaba más vivo, impidiendo que pudieran disfrutar del color. “He oído hablar de lugares en los que el sol se descuida y las sombras se adueñan de todo durante más tiempo, por eso todo es más verde y la vida es más pausada”. Las horas transcurren entre escondrijos y en una observación lejana, resguardándose del frío, mientras los que viven entremedias se despojan de lo que les cubre. La sombra del reloj del parque gira sin parar, esperando poder llegar a la ventana desde donde la chica del pelo oscuro se asoma cada mañana. Solo puede retorcerse en su busca, avanzando poco a poco y alargándose intentando tocarla aunque sea solo con una leve caricia, dibujando un leve surco sobre su sonrojada mejilla. Horas, horas de espera en un intento fútil de alcanzar lo que siempre estará tan lejos. Tan separados por razones que desconoce. “Sol, apártate y déjame acercarme, sabes que tú la podrías dañar mucho más de lo que yo”, pensaba, “no seré frío si el suelo contiene este calor y no la asustaré. Prometo no hacer ruido mientras me acerque”. Tras casi desesperar, y olvidar toda esperanza la noche llega en su busca y le anima a asomarse a la ventana, ahora impulsado por los reflejos de la luna que la ayudan a adoptar una forma corpórea. Trepa por las enredaderas de la casa y se abre paso a través de las ventanas, dirigiéndose a la cama donde ya la luz no da. Se inclina cuidadosamente y funde sus dedos con la negrura del pelo de ella, suavemente, en una caricia como las que solo la noche sabe dar. Ella se estremece porque la nocturnidad es seno de miedos y tristezas, pero no hay que olvidar que también lo es de sueños y seres extraordinarios. Así se despiertan dos ojos dorados cuya luz deshace la sombra. La brisa estival le revuelve el flequillo y lo lleva justo delante de la nariz, con un leve movimiento levanta la mano y se lo aparta, acariciando sin querer la mano de la oscuridad. Por un momento cierra los ojos e inhala los olores que trae consigo nuestra sombra, olor a vaivenes de las olas, a jazmín y azahar. “Tu que me traes recuerdos con sabor a melancolía, ¿qué quieres?”. “Solo mantenerme a tu lado por siempre”.

La mañana ya despunta y las sombras corren despavoridas a sus miradores. En la habitación, la luz se abre paso, poco a poco, en busca de poseer toda la estancia. Sobre la cama yace un cuerpo brillante y pálido, con una marcada sonrisa y ya sin vida. Tras la ventana se reconoce la forma del reloj del parque y dos sombras que se revuelven juntas a lo largo del día.

5/29/2011

Prólogo

El mundo de los sueños es puro opio.

Esta claro, todos lo saben pero se empeñan en seguir dibujando enredaderas de ilusiones alrededor de los frutos de la desesperanza.

Yo también lo hago, por supuesto.

Y a veces soy tanto o más culpable de que exista la ciudad Espiral, porque tan solo yo podría construir metrópolis de euforia que tras unos segundos, en un dia lluvioso como hoy , se desharían bajo las gotas de descontrol.

Ya el otro día debí haberme imaginado que mi castillo de naipes fabricado solo con el palo del placer se derretiría más que venirse abajo.

Por un momento he perdido mi sueño, debí dejar la sensación dentro de alguno de mis cajones... por un momento solo lo he cambiado por la vergüenza y por la necesidad de huir.

Nos conocemos ya todos nosotros, por lo que no nos sorprendemos mientras tomamos tazas de juicio en silencio.

Esquivamos las miradas esperando que nadie pueda leer lo que nuestros ojos enseñan, y observamos el paisaje borroso debido al calor sofocante.

Ninguno hablaremos, y todos olvidaremos mañana. Pero volveremos a encontrarnos, a menos que pueda terminar el diseño de mi propia seguridad.

Si tan solo pudiera hacer más grandes las puertas, más fuertes las cerraduras, más gruesos los cristales y más altos los muros, probablemente no habría duda que soplara hasta tirarla.

Pero no se cumplirá mi deseo porque tengo un cierto número de ladrillos para construir demasiadas cosas, y es igual o casi más cómodo dormir bajo las estrellas.

1/10/2011

Doble refracción

Hola Deseo, ¿qué vienes a decirme? Innumerables noches han pasado ya desde el día en el que decidiste tomar posesión de mi pensamiento. Tu zozobra no ha hecho más que protegerme dentro de la guarida donde he pasado el invierno, donde podía mantenerme en pie sin que me temblara ni un músculo, lejos de tu maldito control.


¿Qué quieres ahora de mi? Ambos sabemos que durante todos esos miles de segundos no hiciste más que alimentar un alma que no quería ser alimentada, que solo necesitaba algo de equilibrio y frialdad. Y ahora que por fin ese cúmulo de dudas ha conseguido implosionar aquí dentro, absorbiéndose dentro de una ventisca de orgullo, ¿qué crees que podrás hacer?


He ganado la batalla en la que yo soy la única víctima. Tus títeres no son más que daños colaterales en nuestro continuo enfrentamiento cuyo nacimiento, cuyas raíces nunca entenderé. Y es que no puedo yo abrazarte plácidamente entre mis brazos, acariciar tu pelo sobre mi pecho, y meditar al ritmo de tu respiración y tus latidos sobre como el sentido de todo parece estar dentro de todas y cada una de las células que andan a la carrera para poder recorrer todos los rincones de tu cuerpo.

A veces las envidio, Deseo. Las envidio más que a cualquier otro ente o cualquier cosa viva o no que puede rozarte.


Y es que mi destino seguirá regido por la desdicha porque no soy yo quien te controla. No soy yo quien te ama, como pude hacer una vez. Deseo, ¿porqué cuando yo aprendí decidiste darme la espalda? Pudiera entender que hayas decidido no entregarme el mosaico de mar y cielo y alquitrán que atraviesa mis pensamientos, cauterizando cualquier esperanza que quiera tener relación contigo antes de que florezca... pero ¿tampoco dejarás que encuentre otro tú?


Altiva daga de sonrisa afilada. Orgullo dorado de largos hilos. Cristalinas esmeraldas rebosantes de inocencia. Tu imagen vagará por siempre encadenando mi espíritu a sus pies. ¿Por qué no me liberas si ya cumplí mi castigo?


Es el fin del invierno, Deseo. Y otros que son como tú llegarán a la salida del sol. Ya me llevan de la mano por las calles iluminadas, aunque todavía me cales en lo más hondo del hueso, tu frío solo puede recordarme que no debo seguir pensando en tu existencia hasta la próxima ola de oscuridad. Me despediría para siempre si no supiera que caeré en el momento en que vuelvas a engañarme con tus trucos y espejos. Con tus imagenes de mi de la mano de ilusiones que tu me enseñaste.

Me estas destruyendo. Con cada refracción, con cada reflejo truncado, mi capacidad de recuperarte, de volver a aceptarte algún día no hace más que resquebrajarse, y maldigo el hechizo que provocó que tu y yo nunca pudiéramos separarnos. Se que serás tú quien me destruya. Pero como venganza ante tu crimen vanidoso y cruel, me desharé en sombras que inhales en sueños, para que nunca te olvides de mi, incluso cuando ya me hayas destrozado. Para que tú y yo seamos uno, como ya una vez fuimos y debió ser por siempre.


Pues tu serás yo, y yo seré contigo.

Contigo, solo seremos Sehnsucht.




9/24/2010

Y el soñador comprendió ser ensoñación del fantasma que soñaba

Recuerdo la vaga imagen de aquel que un día soñó. Recuerdo como miraba al cielo, no en busca de respuestas, sino en busca de una inspiración que sabía innata pero dormida, a la que nunca sabía llegar salvo en momentos puntuales. A la que recibía sin la menor pregunta, consciente de que la amaba como el primer dia – ¡qué digo!, más que el primer día- en que la vio. Ella llegó susurrante, acercándose sin que el la viera y permaneció justo a su lado, mientras él crecía y se deformaba, o transformaba en lo que le dictaban.

Ella siguió, y le persiguió sigilosamente allá donde iba, por amor a lo que un día descubriera en ella. Un dia ella se mostró pura, desnuda y atrevida, al contrario de lo que le dictaba su ser, solo para que él la viera. Y el la aceptó tal y como vino, como una nueva profecía inesperaba que se desvelaba ante sus ojos. Inocente, pura, aunque solo nueva y cotidiana para sus ojos. Él la trató como una experiencia más de las que viviría a lo largo de sus minutos livianos y poco importantes, y la dejó en un segundo plano, legada a la insignificancia y la inocuidad de cualquier imagen paralela, mientras ella crecía indeformable y orgullosa, renunciando de todo toque que no supiera apreciarla.

Pero llegó el día en el que él echó de menos su apariencia corpórea y solo pudo consolarse con su recuerdo, su recuerdo vago e idealizado.

Su vida transcurrió en un sinvivir de búsqueda del ideal que una vez existió. Preguntó su nombre a los que los conocieron juntos, describió momentos en los que se mezclaban entre palabras creadas por otros, en situaciones que no existían más que en sueños. E incluso era capaz de reconocerla en sonidos que otros escuchaban, y siempre preguntaba ¿No es ella la que ves cuando oyes lo que otros quieren callar cuando dicen lo obvio? ¿Acaso no era ella siempre la que estaba cuando todos y cada uno de ellos llegaban en silencio a casa, y a solas abrazaban todos los pensamientos oscuros que se escondían en las esquinas mal formadas de la habitación? ¿Acaso no era ella todo lo que querían conseguir?

El sonido... Era el sonido lo único que podía consolarlo. Desde que se levantaba, triste y taciturno, triste y mal hablado... triste y silencioso, incapaz de reaccionar ante las ideas preconcebidas de actividad.

¡No se despertar! - Decía. Pero simplemente porque en sus sueños era el único momento en el que ambos se encontraban, y él era capaz de inquirir en el momento en el que ambos se separaron. Y entonces todo era distinto. Y entonces solo estaban ellos dos en medio de una maraña de emociones que aclamaban formar un mundo de dibujos y formas a las que los otros llamaban realidad, y a lo que ellos llamaban tu y yo.

Él lo sabía, tu y yo, mi realidad, la que fue... Que probablemente no existió... solo era cuando él soñaba, ya fuera de noche sin controlar como ella se comportaba, o simplemente cuando el sonido se desarrollaba. Era eso. Ella era música. Ella era sonido. Ella no era realidad. Ella era solo sentimiento y sensación.

Y para que dejar volar algo que no ocurría.

Todos le dijeron que la abandonara, que ella no existía más allá de lo que él creía tener. Que todo lo que componía su ser no era más que una repetición de sí mismo y su aprendizaje.

Pero él la conocía. Cuando la vió nacer la llamó oportunidad... Algo más tarde la llamó inspiración, sueño, amor, irrealidad... Pero siempre tenía el mismo regusto a felicidad que mucho antes. Siempre tenía el mismo regusto a cierto, el mismo regusto, ya digo, a certeza y a veracidad. ¿¡Cómo abandonar lo más cercano y abstracto que tienes!?

La dibujó. La quiso en sueños. La quiso en sonido. La quiso en palabras escritas y en esas que el viento se lleva y que solo recuerdan los que prefieren ridiculizarla. Pero el la supo vívida y se aferró a su presencia difusa.

Él, que ahora soy yo. Que después de mucho tiempo se dió cuenta de que todo lo que era es más parte de lo que somos que ensoñación, seguimos aferrándonos a ella. Pero nos sentimos más cómodos hablando de él.

Él, que la adoraba en las ondas del humo se deshacía en emociones al recordarla en un solo acorde. Se desvivía por su sabor en el tacto de la hierba húmeda. Y se desbordaba en los recuerdos de otros, siempre en silencio, siempre viviendo lo que sabía incierto, lo que sabía inexistente. Siempre, viviendo al borde de lo que le gustaba admirar como la locura.

Y a veces se planteaba si aquellos que eran locos no eran solo los que se rendían ante su ensoñación y preferían vivir felices abrazando su trozo de creación, ignorando lo que evolucionaba por otra parte, solo acariciando lo que estaba al alcance de su mano, y siendo infelices y desatando una emoción y unas reacciones que no eran suyas cuando un acontecimiento declarado como “normal” les asaltaba. ¡No estoy de acuerdo! Gritaban en susurros, acuciando a aquellos que los rodeaban, a que pensaran que su ensoñación se había tornado pesadilla.

¡¡¡Y así había sido!!! ¿Quién había de ser aquel que los despertara de la felicidad perpetua para contarle todos los estereotipos que todos llegamos a adquirir?

Naces, creces, te reproduces y mueres.

Pero no te cuentan que cuando naces no sabes nada y creas un mundo a partir de lo preconcebido. No te cuentan que probablemente todo lo que piensan y te parece absurdo es porque han tenido un contacto con lo reciente que a tí se te hace lejano. No te cuentan que cuando te reproduces todo se reduce al segundo individuo. No te cuentan que cuando mueres, mueres.

Él soñó que mientras soñaba que vivía encontraba otras ensoñaciones que lo guiaban en distinto camino, otras ensoñaciones que se desviaban, y entre ellas estaba ella. Si, era su perdición. Si, ella era una ensoñación del soñador que soñaba. Pero bastaba parar y mirar a su alrededor para pensar que su soñador podía seguirla a donde fuese mientras su cuerpo padecía el sufrimiento etéreo del vivir.

Él a veces paraba en blanco, preguntándose de que servía el seguir si no iba a ser recordado como Ella. Si no iba a ser otro de los que empujaran al mundo de la ensoñación a trascender por encima del mundo terrenal. Y se entristecía. Él, el hombre del orgullo y la compasión, del entendimiento y la creación, pensaba... cavilaba y admiraba durante horas, mientras la luz otoñal creaba cuatros recien salidos del pincel de Caravaggio en un presente ajeno a su presencia. Y solo quería ser él, quería ser un nombre en la memoria de otro fantasma que soñara una ensoñación. Solo quería ser piedra angular, ser pilar maestro, ser contrafuerte, ser muro románico, ser una década, ser un siglo, un acontecimiento, un significante de una y tantas palabras de las que a diario manejaba.

Él quería ser significado y lucir en las mentes de aquellos que diseñaban, quería ser diseño en la mente de aquellos que admiraban, quería ser admiración en la mente de aquellos que presenciaban el naciemiento de una nueva idea.

¡Quería ser idea! ¿Pero cómo ser idea cuando se es ensoñación de otros muchos?