9/24/2010

Y el soñador comprendió ser ensoñación del fantasma que soñaba

Recuerdo la vaga imagen de aquel que un día soñó. Recuerdo como miraba al cielo, no en busca de respuestas, sino en busca de una inspiración que sabía innata pero dormida, a la que nunca sabía llegar salvo en momentos puntuales. A la que recibía sin la menor pregunta, consciente de que la amaba como el primer dia – ¡qué digo!, más que el primer día- en que la vio. Ella llegó susurrante, acercándose sin que el la viera y permaneció justo a su lado, mientras él crecía y se deformaba, o transformaba en lo que le dictaban.

Ella siguió, y le persiguió sigilosamente allá donde iba, por amor a lo que un día descubriera en ella. Un dia ella se mostró pura, desnuda y atrevida, al contrario de lo que le dictaba su ser, solo para que él la viera. Y el la aceptó tal y como vino, como una nueva profecía inesperaba que se desvelaba ante sus ojos. Inocente, pura, aunque solo nueva y cotidiana para sus ojos. Él la trató como una experiencia más de las que viviría a lo largo de sus minutos livianos y poco importantes, y la dejó en un segundo plano, legada a la insignificancia y la inocuidad de cualquier imagen paralela, mientras ella crecía indeformable y orgullosa, renunciando de todo toque que no supiera apreciarla.

Pero llegó el día en el que él echó de menos su apariencia corpórea y solo pudo consolarse con su recuerdo, su recuerdo vago e idealizado.

Su vida transcurrió en un sinvivir de búsqueda del ideal que una vez existió. Preguntó su nombre a los que los conocieron juntos, describió momentos en los que se mezclaban entre palabras creadas por otros, en situaciones que no existían más que en sueños. E incluso era capaz de reconocerla en sonidos que otros escuchaban, y siempre preguntaba ¿No es ella la que ves cuando oyes lo que otros quieren callar cuando dicen lo obvio? ¿Acaso no era ella siempre la que estaba cuando todos y cada uno de ellos llegaban en silencio a casa, y a solas abrazaban todos los pensamientos oscuros que se escondían en las esquinas mal formadas de la habitación? ¿Acaso no era ella todo lo que querían conseguir?

El sonido... Era el sonido lo único que podía consolarlo. Desde que se levantaba, triste y taciturno, triste y mal hablado... triste y silencioso, incapaz de reaccionar ante las ideas preconcebidas de actividad.

¡No se despertar! - Decía. Pero simplemente porque en sus sueños era el único momento en el que ambos se encontraban, y él era capaz de inquirir en el momento en el que ambos se separaron. Y entonces todo era distinto. Y entonces solo estaban ellos dos en medio de una maraña de emociones que aclamaban formar un mundo de dibujos y formas a las que los otros llamaban realidad, y a lo que ellos llamaban tu y yo.

Él lo sabía, tu y yo, mi realidad, la que fue... Que probablemente no existió... solo era cuando él soñaba, ya fuera de noche sin controlar como ella se comportaba, o simplemente cuando el sonido se desarrollaba. Era eso. Ella era música. Ella era sonido. Ella no era realidad. Ella era solo sentimiento y sensación.

Y para que dejar volar algo que no ocurría.

Todos le dijeron que la abandonara, que ella no existía más allá de lo que él creía tener. Que todo lo que componía su ser no era más que una repetición de sí mismo y su aprendizaje.

Pero él la conocía. Cuando la vió nacer la llamó oportunidad... Algo más tarde la llamó inspiración, sueño, amor, irrealidad... Pero siempre tenía el mismo regusto a felicidad que mucho antes. Siempre tenía el mismo regusto a cierto, el mismo regusto, ya digo, a certeza y a veracidad. ¿¡Cómo abandonar lo más cercano y abstracto que tienes!?

La dibujó. La quiso en sueños. La quiso en sonido. La quiso en palabras escritas y en esas que el viento se lleva y que solo recuerdan los que prefieren ridiculizarla. Pero el la supo vívida y se aferró a su presencia difusa.

Él, que ahora soy yo. Que después de mucho tiempo se dió cuenta de que todo lo que era es más parte de lo que somos que ensoñación, seguimos aferrándonos a ella. Pero nos sentimos más cómodos hablando de él.

Él, que la adoraba en las ondas del humo se deshacía en emociones al recordarla en un solo acorde. Se desvivía por su sabor en el tacto de la hierba húmeda. Y se desbordaba en los recuerdos de otros, siempre en silencio, siempre viviendo lo que sabía incierto, lo que sabía inexistente. Siempre, viviendo al borde de lo que le gustaba admirar como la locura.

Y a veces se planteaba si aquellos que eran locos no eran solo los que se rendían ante su ensoñación y preferían vivir felices abrazando su trozo de creación, ignorando lo que evolucionaba por otra parte, solo acariciando lo que estaba al alcance de su mano, y siendo infelices y desatando una emoción y unas reacciones que no eran suyas cuando un acontecimiento declarado como “normal” les asaltaba. ¡No estoy de acuerdo! Gritaban en susurros, acuciando a aquellos que los rodeaban, a que pensaran que su ensoñación se había tornado pesadilla.

¡¡¡Y así había sido!!! ¿Quién había de ser aquel que los despertara de la felicidad perpetua para contarle todos los estereotipos que todos llegamos a adquirir?

Naces, creces, te reproduces y mueres.

Pero no te cuentan que cuando naces no sabes nada y creas un mundo a partir de lo preconcebido. No te cuentan que probablemente todo lo que piensan y te parece absurdo es porque han tenido un contacto con lo reciente que a tí se te hace lejano. No te cuentan que cuando te reproduces todo se reduce al segundo individuo. No te cuentan que cuando mueres, mueres.

Él soñó que mientras soñaba que vivía encontraba otras ensoñaciones que lo guiaban en distinto camino, otras ensoñaciones que se desviaban, y entre ellas estaba ella. Si, era su perdición. Si, ella era una ensoñación del soñador que soñaba. Pero bastaba parar y mirar a su alrededor para pensar que su soñador podía seguirla a donde fuese mientras su cuerpo padecía el sufrimiento etéreo del vivir.

Él a veces paraba en blanco, preguntándose de que servía el seguir si no iba a ser recordado como Ella. Si no iba a ser otro de los que empujaran al mundo de la ensoñación a trascender por encima del mundo terrenal. Y se entristecía. Él, el hombre del orgullo y la compasión, del entendimiento y la creación, pensaba... cavilaba y admiraba durante horas, mientras la luz otoñal creaba cuatros recien salidos del pincel de Caravaggio en un presente ajeno a su presencia. Y solo quería ser él, quería ser un nombre en la memoria de otro fantasma que soñara una ensoñación. Solo quería ser piedra angular, ser pilar maestro, ser contrafuerte, ser muro románico, ser una década, ser un siglo, un acontecimiento, un significante de una y tantas palabras de las que a diario manejaba.

Él quería ser significado y lucir en las mentes de aquellos que diseñaban, quería ser diseño en la mente de aquellos que admiraban, quería ser admiración en la mente de aquellos que presenciaban el naciemiento de una nueva idea.

¡Quería ser idea! ¿Pero cómo ser idea cuando se es ensoñación de otros muchos?

5/21/2010

Primavera en el abismo

Querida Alicia,

La noche se cierra a mi alrededor y no puedo dejar de pensar. He caminado todo este trayecto solo para darme cuenta de que no me gusta lo que hay al final del camino. ¿Es una necesidad abandonar la ignorancia y la inocencia y abrazar lo que es real? No hace falta que me contestes, de eso si creo saber la respuesta. Y todavía quisiera rechazar todo lo que he debido aceptar, porque me presiona por dentro. No se que es exactamente, pero no se parece a nada de lo que haya sentido antes. Creo que es miedo, pero no el miedo a lo esotérico o lo incierto que se alberga de niño. Es miedo a la certeza de un final, algo que debí aceptar hace mucho tiempo, y a lo que parece que le di poca importancia.

Desde hace un tiempo, he comenzado a oír el tañido de tantas cosas que aquellos que poseían la sabiduría me decían. Todas esas cosas ante las que yo asentía mientras pensaba lo lejos que estaban de que me tocasen, y en el fondo creo que creía que en realidad nunca llegarían, por lo que ahora, simplemente me he estampado ante la realidad. Ahora si entiendo todos esos recursos que utilizaba durante años de ebullición emocional, todos los que representaban sentimientos vacíos, meras imitaciones baratas de lo que tendría que venir.

Lo veo, y se que he perdido mucho tiempo jugando con cosas que realmente no entendía. Primero quise ser valiente, y analicé el miedo hasta la saciedad, describiendo todo lo que causaba duda, exprimiéndolo solo para enfrentarme a la emoción en si, para enfrentarme a la fantasía. Y ahora, oh ahora, el miedo me mira desde el otro lado de la habitación, mientras la luz se desvanece, y yo no soy capaz de mirarle directamente a los ojos. El me ha visto, lo se. Yo le he visto, y el también es consciente, pero se conformará con perseguirme desde cerca, recordándome cuando menos me lo espere lo fútil de todo.

Si alguna vez abracé las elucubraciones existenciales, ahora las desprecio todas. Si alguna vez abracé el camino del cinismo y la esterilidad, ahora escupo sobre ellos y desearía rebajar mis pensamientos al límite de la dependencia en algo que me enseñara otro camino. Por supuesto que la creencia en un Dios prevalecerá. Siempre viviremos en rebaños cobardes que no acepten cual es su destino. ¿Y eso? Pues porque no podemos entender como después de todo lo que hemos desarrollado, todo lo que hemos creado a partir de un simple animal nómada no signifique nada.

Pero es así. Nada. No significa nada.

Se me llenan los ojos de lágrimas y el estómago quiere vomitárseme, si la palabra siquiera existiera. Siento la desnudez de un niño cuando despierta solo en su habitación después de una pesadilla, solo que yo tengo la certeza de que mi pesadilla es algo completamente real. Y no temo al momento de la muerte, pues se que después no sufriré nada. Solo quiero deshacerme de esta sensación que me acosa, todo ese vacío del que siempre me han hablado y que incluso yo había utilizado y nunca había comprendido... Quiero que se vaya... Prefiero vivir en la felicidad ignorante mientras voy aceptando el paso a... la nada...

Querida Alicia.
Me he abandonado a mi mismo dentro de estas paredes. Hay gente aquí, y sin embargo no me veo capaz de hablar, y siempre que lo intento me salen palabras que no quisiera que estuvieran ahí. Los ojos me pesan, y las lágrimas me escuecen, pero el sueño me amenaza y no quiero rendirme tan fácilmente a el. Alicia, dime,¿crees tu que si alguien pudiera encontrar la manera de traspasar la barrera de la locura lo haría?, ¿lo harías tu para dejar de sufrir ante la crudeza de tu sino?

¿Cuántas barreras estarías dispuesta a cruzar para escapar cuando llegara el momento?

5/13/2010

Un atisbo del verano

La realidad me odia y no me deja escribir...(ah, y si, es algo así como un burdo intento de imitar [algo así como] un castellano antiguo xD)




- Le traigo malas noticias señor. Es sobre vuestro hijo el príncipe...-

- Dígame pues, ¿qué es lo que le ronda la cabeza estos días?

- Señor, vuestra merced sabe que su hijo ha vivido la primavera despreocupada de su juventud, a lomos de la inconsciencia y saltando obstáculos con una mezcla entre destreza y pura suerte, la suerte que al parecer lo bañó al nacer.

Pues bien, en este camino hacia el verano, en el que los brotes se han hecho frutos que brillan con todo su esplendor, su príncipe ha descubierto que dentro de poco será rey, y tendrá que hacerse cargo del reino, pero no comprende para nada cómo podrá hacerlo. Dícese para nada preparado o merecedor de tal afrenta, dícese ofendido por la responsabilidad que recae sobre sus hombros.

Señor, su hijo dice haber perdido la vista, porque no concibe en su mente un horizonte lejos de lo que conoce, no comprende cómo habría de conquistarlo o porqué razón. “¡Ciego! ¡Ciego!” Grita en sus aposentos, y resuenan límpidas sus dudas cada vez que le oigo hablar. “¡Ciego!” Dice estar, y dice no poder ver su imperio desierto, ese al que viajaba todos los días y todas las noches desde las ventanas del palacio, el que se veía tras los sanguinolentos campos de amapolas, ahora marchitas. Su príncipe señor, siempre fue rey en sus ensoñaciones, y ahora sueño y realidad han unido sus dedos bajándolo hacia un campo de batalla en el que uno y otro luchan. Las espadas de la duda chocan contra su necesidad de volar y ya dice no poder seguir simulando querer otro futuro, porque no existe.

El tiempo secará los frutos de los que ahora disfruta y no quedará más que el mero recuerdo y quizás alguna prenda que conserve su olor. Y toda la belleza que ahora admira a través de sus vidrieras enmudecerá con la caída del sol. Si señor, su excelencia ya lo está viendo, lo que a su hijo le ocurre es que tiene miedo.

Cavila y cavila a diario solo, caminando por el jardín francés en busca, dice, de una meta que le haga mantenerse en pie. “¡El imperio!” Volví a insistirle. “¡El imperio mi señor!¡Piense en lo que pudiera ser su reino si quisiera tan solo tomar la tierra de grado o por fuerza!”

Para oír más negativas “No debiera yo tomar una tierra que nunca tuvo mi nombre. No debiera regir unas gentes si ni siquiera supe cuidar una sola doncella”. Y pensó poder desviar la cuestión con sus escarceos, y su fama de Don Juan venida a menos.

“No hay meta, no hay razón. No habrá castillo, ni imperio, ni nuevo sol. Nada de nuevas ideas, ningún nuevo Dios. Ningún nuevo pensamiento, ninguna revolución. No habrá cambió ni renacimiento, ningún día, ninguna nueva canción. No recuperaré mi vista, ni volveré a caminar lejos de estos muros de piedra. En esta, mi morada me he visto atrapado entre la hiedra. Y aquí he de oxidar junto con el tiempo, y ha de ser el frío mi único amigo y el musgo mi compañero cuando llegue el invierno”.

12/26/2009

Mi tiempo

“Hace tiempo que me escapo cuando nadie me ve, demasiado ya como para recordar cuanto. Muchas veces me he visto ante las puertas de la percepción, intentando pasar más allá, más allá de donde nadie ve. A veces sigo intentando descubrir como abrir las puertas, otras se exactamente como hacerlo, pero tengo miedo de cruzar y no querer volver.
Incontables momentos han pasado mientras miraba sus goznes plateados y sus inscripciones serpenteantes que flanquean el paso hacia un mundo de libertad.”


- ¿Entiendes de qué se habla aquí?

- No. Tu sabes que no me gustan estos textos emotivos llenos de segundas y connotaciones y todas esas florituras que a ti te encantan.

- Creo que habla de soñar despierto, de eso y de nunca llevar a cabo ese sueño, porque a veces solo se pretende alargar la ilusión de algo que se desea pero nunca va a cumplirse. Si, es que sueño mucho despierta. A veces estoy en un pasado remoto, y veo las cosas desde la perspectiva del héroe, oigo los pensamientos de todos aquellos que están ahí para admirar, y para compartir todo aquello que pueda ser compartido. Otras soy parte de la masa, y siento de nuevo esa ola de sentimientos a tan ligados al observador. Otras veces soy una niña de nuevo, y juego y experimento con cosas que he vivido una y mil veces, pero recuerdo la sensación de novedad y peligro, vivo y deseo lo prohibido. También a veces soy madre y desempeño el papel de aquel que quiere enseñar a oídos vírgenes lo que adora. Y Por supuesto, llega el momento en el que soy una persona cansada, nostálgica, que revive momentos que aún están por llegar. Soy atemporal. Soy solo un saco de piel que dormita despierto sentado en una silla de mimbre, mirando las historias que esconde el viento entre los árboles.

- ¿No crees que sueñas demasiado? - Ella soltó una de esas risotadas que anteceden a la condescendencia.-

- Ah, mi niño. ¿A caso no es todo lo que tenemos? Soñar mientras vivimos. ¿Qué sería del sueño sin las vidas que lo vivieron, y de esas vidas si no lo hubieran soñado antes?

- Si, estoy de acuerdo, pero no creo que se deba dejar pasar todo solo soñando. A veces hay que actuar. No creo que ahí sentada mirando a tu jardín con ojitos de cordero, con la pose de una oveja descarriada y el sentimiento de necesidad se pueda arreglar nada.

- No hay nada que arreglar. Solo estoy dejando que el tiempo vuelva a coordinarse conmigo, quiero que volvamos a ser uno.

- Eso no tiene sentido, el tiempo no es un ente. El tiempo no existe como tal, solo estas tu y lo que quieras hacer con lo que te queda de vida. Es lo que haces con el. Las horas, los minutos y segundos pueden ser cortos o alargarse durante décadas. Los siglos parecen un abrir y cerrar de ojos una vez han pasado.

- Tienes razón, pero no hay nada que yo pueda hacer. Puedo seguir leyendo. - Volvió a soltar una risotada al ver mi reacción al pensar que seguiría durante horas leyéndome ese libro abstracto que había sacado de un mercadillo. - ¿De qué quieres que hablemos? - Odiaba cuando cambiaba de tema por verse sin argumentos, yo quería seguir y que realmente entendiera de que le hablaba, pero ella se había dado por vencida y había aceptado, no podía hacer nada en contra.

- No lo se, pero quisiera que dejáramos el juego del niño y la señora. Eres menor que yo, deberías dejar de mirar al mundo desde arriba, en busca de otro significado más del que hay.

- Lo siento, amor. No está en mi elegir lo que los hombres buscan, ni si pueden encontrarlo. Unos van detrás de un Dios, otros detrás de un equilibrio cósmico. Y yo solo quiero poder seguir disfrutando, poder conservar estos sueños que demasiadas veces desaparecen de mi mente. ¿ Sabes cuál es el único momento en el que realmente me siento mal? ¿ Quieres saberlo? Eso es lo que buscabas, la debilidad en mi pose altiva. Pues te lo diré, solo sufro cuando no sueño. Cuando me siento horas en un lugar y no encuentro distracción. Cuando miro un punto en el infinito y no soy capaz de imaginarme en la piel de otras personas que son yo. Ese es mi único temor, volver a todos los miedos infantiles que me hacían pensar que no había futuro, que el resto de mi vida sería una sucesión de grises desgracias que tendría que tragar con un poco de agua enfangada.

- ¿Ya está? - Era increíble lo complicado que podía hacer parecer algo simple, y que a la vez fuera capaz de quitarle peso a todo lo que parecía tremendo.

- Es más de lo que yo misma puedo entender. Es solo eso. Es el miedo al vacío y a las páginas en blanco. Es muchísimo más común de lo que puedas pensar.

- No se. Sabes que tu y yo somos muy diferentes. A mi me gusta vivir con los pies en la tierra, y mirar al futuro sabiendo que de una manera u otra lograré cambiarlo, porque ya lo estoy haciendo, moviéndome y participando, haciendo todos los arreglos que sean necesarios. Me iré de aquí con la certeza de haber hecho algo bueno por muchos. Y tu solo seguirás “dormitando despierta”, perdida en mundos inexistentes, viviendo de la fantasía. Yo no busco un Dios, porque creo en mi.

- Si, quizás tengas razón. Pero también vivo mientras sueño, mira un poco más allá de tu nariz y de lo que piensas. No pienso cambiar nada de lo que soy. Soy una ilusa, soy una niña, y voy a conservarlo todo el tiempo que sea posible. Tu tienes tu realidad, y yo tengo la mía. Si no te gusta, puedes caminar hacia esa puerta y volver a entrar en la casa, yo me quedaré en mi jardín.

Nunca pude soportar su terquedad y su impertinencia, siempre con su risa socarrona y su actitud despreocupada. También es verdad, que muchas veces intenté tirar abajo todo lo que no me gustaba de ella, y vi mi error. No puede cambiarse la naturaleza de nadie, así como no puede arrancarse una fantasía de la mente de otro. Creo que eso fue una de las cosas que aprendí de ella. Yo la quise más de lo que he podido querer a nadie, incluso sabiendo que nunca entendería su manera de ser, y nunca sería como yo. Todos soñamos a cierta escala, algunos con cosas vanas, cosas terrenales, cosas superficiales. Otros con el cambio, con la mejora y el bien de la comunidad. Y otros como ella, solo saben soñar con lo irrealizable mientras viven. Siempre al acecho de algo que nunca será cierto, como una fianza que les será retribuida el día de su muerte, como decía el párrafo del que se convirtió en su libro favorito.

Así el día de su último suspiro, recordamos la escena de aquella película, en la que el hijo relataba a su padre cómo era su final. De igual manera, yo le conté todos los sueños que había realizado a lo largo de su vida, mientras soñaba con otras cosas. La vi sonreír al darse cuenta de todas aquellas personas que había sido, la trabajadora y la ociosa, la sufridora y la vividora, la indecisa y la terca, la inocente y la pícara, la dañina y protectora, la aprensiva, la espectadora, la madre, la hija, la heroína y la villana. Según sus palabras, todos esos papeles en un solo personaje, conformaban la obra más cuidada y complicada que jamás se podría escribir, y así terminó el más vívido de sus sueños.

Quimera

Busqué sin querelo la falta de compañía, entre las sombras de la noche, y los silbidos del viento. Buscaba sin querelo, vagaba automáticamente, dejando que el peso de mi torso cayera sobre las piernas, haciendo que estas se movieran, por simple inercia, no por otra cosa, no porque ellas, ni yo quisiéramos, solo porque sabía que estaba escrito.

Si me hubieran preguntado qué era aquello que estaba escrito, hubiera respondido, simplemente, que la búsqueda de compañía, tan innata, tan intrínseca en esta condición humana que nos ha tocado vivir. Lo simple de mis estructuras se veía siempre empañado por una compleja retícula de pensamientos. Siempre los culpaba a ellos, y a nadie más. Siempre culpaba a todos los demás, y no a mi. Dudo que la palabra siempre pueda servir para mi en ningún caso...

Y ahí vagaba, como todos esos días en los que las voces que resuenan tan fuerte me arrastran hacia dentro de mi cabeza y puedo notar como entre yo y mi cuerpo existe una división completamente clara. Mirar no es mirar, sino asomarse por un par de ventanas vítreas que se entrecierran al ritmo de mi apatía, esperando a ser elevadas por algo especial. El problema es que ellas no saben a que atender, por lo que se decantan por mirar las imperfecciones en el suelo de grava, el suelo de loza, el suelo enlodado de mármol...

La calle parece estar demasiado llena, hay demasiada gente, demasiadas motitas de polvo en el ambiente, demasiada luz, demasiada oscuridad, demasiado humo, demasiados pretextos para dejar de estar en un lugar y no sentirse cómodo en otro. Es el problema de no encontrar el problema.
Es el problema de rechazar el humo que intenta expandirse dentro de tus tripas, es... ¿culpa del tiempo?

Todos sabemos de quien es la culpa, la culpa es de la quimera que asoma a veces por las ventanas, la que me persigue a todos lados. Es culpa de la nostalgia y de la música. Es culpa de todo aquello que debe ser eliminado y que lucha por quedarse, es culpa de la enredadera de mi jardín, la que impide respirar a las rosas, y se pincha intentando asfixiarlas. No es culpa de nadie.

Cuán grande llega a ser mi confusión cuando me encuentro con mi quimera y le pregunto cuál es el motivo de su visita, a lo que ella responde que le apetecía romper mi calma, que las personas con una apariencia tan sosegada deben ser perturbadas y hacer uso de todos aquellos sentimientos humanos que rechazan.

Cuánto mayor se vuelve cuando otros intentan que explique su presencia y me encuentro desarmada y sin explicaciones. Solo puedo gritar “¡No lo se! Yo no quería que viniera, no la he llamado. No tiene razones para perseguirme.” Así que sigo vagando por las calles, subida al vehículo de las ideas mientras gota a gota noto como mi piel se enfría y el mundo despierta. Y espero, espero que al ignorar su presencia, el mito que llevo a cuestas decida volver a su cueva.

12/01/2009

Los discípulos de dionisos

Puedo oír de nuevo los pasos del verdugo bajando las escaleras en dirección al calabozo. La incertidumbre puede conmigo. Siempre se libra una guerra, y el campo de batalla es mi mente.

Puedo oír los gritos que han sonado otras veces, el aullar desconsolado de aquellos a los que arrastran por las escaleras, y las risas compartidas de aquellos que los condenan.

No puedo pensar siquiera.

Solo siento como mi estomago tiembla y mi cuerpo se retuerce, o quizás sea al revés. Yo solo quería escribir sobre la realidad que nos acecha, sobre como la iglesia nos manipula y los cerdos a los que cariñosamente han decidido denominar “mis congeneres” se dejan llevar por los designios de un Dios todopoderoso que los arrastra a un mundo de incertezas, donde nada de lo que hagan será correcto. Todo es una gran mentira, porque ante el miedo esconden su naturaleza y la convierten en algo perverso y retorcido. Yo quisiera ser natural y poder expresar mi sexualidad y pensamiento a los cuatro vientos, pero me llaman discípulo de Satán.

Desde niño siempre me discriminaron por no entender todo aquello que consideraban un axioma, un pilar que sostenía toda existencia, tan verdadera para mi como falsa, porque ninguna de las líneas que separaban opuestos eran tan nítidas para mi.


10/31/2009

Solo un desvarío...

¿Quién robó mi inspiración y el sentido de las cosas?





A veces veo completamente incorrecto el camino que llevo. No encuentro sentido a las cosas que hago, y no veo razón por la cual tenga la necesidad de cubrir ciertos deseos, o vicios, según se quiera mirar. A veces ciertamente me planteo si todo lo que es, debe ser porque durante tanto tiempo haya sido. Es una pena no poder dejar de cuestionarme absolutamente todos y cada uno de mis pasos, observando lo que me rodea y valorando si un cambio haría que las voces de mi cabeza dejaran de resonar.


Cuestionarse las normas, lo establecido, lo escrito y hecho, y lo que todavía está por venir, pero que a la vez sonará usado y manoseado por otras personas que,claramente, no son yo dicen que es una cualidad que tiene todo joven, la de pelear en contra de una norma y en contra de acatar órdenes que no son dictadas por ellos mismos.


Hablo ahora del valor infravalorado de la inconsciencia, esa cualidad que muchos de nosotros, o quizás pocos perdemos cuando nos enfrentamos a lo que llaman “el mundo real”, “la realidad”, “el destino”,”la utilidad”, “la sociedad”. ¿Y qué es la sociedad al fin y al cabo, sino un tumulto lleno de miedo intentando que este se disipe mediante normas? La mejor manera de controlar el miedo es estableciéndolas. La mejor manera de huir de los monstruos es dominando el caos, encerrándolo en pequeñas cajitas, forzándolo así a no parecer más que una ilusión. Y lo peor de perder la inconsciencia es poder ver lo triste y cuadriculada que resulta la situación.


Me entristece pensar que alguna vez perderé esta clase de idealismo que he adquirido en poco tiempo, y que quizás si dejo que este mundo “real” me fagocite transformándome en uno de sus pequeños engranajes, olvide los sentimientos a los que ahora me aferro, los de familia y comunidad, esos en los que proteges al prójimo porque sabes que estás seguro junto a el, y que el hará lo mismo por ti. Los sentimientos que parecen tan correctos y parecen ser los realmente importantes.


Es por eso quizás también, que me guste vivir en este subgrupo de personas que tanto se confunde con una moda pasajera. No estoy en el por la atención, ni por reivindicar que me siento distinta. Es porque me aporta la sensación de paz y seguridad que nos es necesaria, porque se que todos nos sentimos parte de un todo, y nos protegemos mutuamente. Si, se reduce a encontrar ese pequeño grupo de personas en el que te sientes seguro, y cada uno encuentra lo que está buscando, pero igualmente, nadie puede deshacerse de la sensación de soledad, porque a todos nos ha quedado claro, que en realidad, siempre estaremos solos. Es físicamente imposible que alguien entre en nuestra cabeza y pueda ver nuestro mundo interior, como es imposible describir a un extraño cómo es ese mundo. En ocasiones diremos que ordenado y pacífico, seguro; otras veces simplemente lo reduciremos a una maraña de inseguridades que rueda a sus anchas conquistando cada milímetro de nuestra psique en pos de sumirlo todo en el caos. Porqué ocurre y como se frena nadie lo sabe. Me siento mejor pensando que las hormonas son las culpables de todo, es decir, que la biología a veces atenta contra nosotros dejándonos indefensos y llenos de dudas. Pero entonces recuerdo esas sensaciones que tiran de nosotros como hilos invisibles y nos levantan diciéndonos que la soledad no es más que una invención. No dura para siempre, y nunca es absoluta. Debemos diferenciar soledad de individualismo, nadie quiere ser leído a la perfección, porque siempre llegarán cosas que preferiremos esconder.


Me siento mejor en los días en los que decido no huir, y atesoro aquellas cosas que tengo, aunque sienta pánico al pensar que otras se me van de las manos. En estos momentos creo incluso que puedo llegar a aprender a vivir con todas esas mentiras aprendidas, las retocadas, las propias o las ajenas; con los nuevos planteamientos que ponen cabeza abajo todo lo dado por válido con anterioridad. E incluso me parece una gran aventura aprender a tamizar aquello verdaderamente trascendental de lo diametralmente opuesto. En estos días necesito la compañía de la oscuridad y la soledad plena, como un descanso, como mi lugar pacífico, sin embargo no lo quiero para quedarme dentro de él para siempre y escapar, como aquellos días en los que acojo al maldito arrepentimiento entre las paredes de mi hogar, en este caso se convierte en un puente hacia el resto de mis días, solo en mi pequeño nirvana en el que creo estar encontrando la claridad mental y la senda que deseo labrar.

A veces veo completamente incorrecto el camino que llevo, pero consigo obviar esa sensación recordando que nadie tiene razón. Que las normas que están dispuestas no son las mías, que yo acabo de llegar y al mundo me lo encontré jodido. Podría seguir culpando a la juventud por este idealismo, o podría hacer como todos y abrazarlo, y crear mis propias normas, según las cuales viviré y enseñaré sin duda a una generación posterior. El mundo no cambiará mañana, no puedo cambiarlo yo, sin embargo me conformaré con adueñarme de parte de él y crear mi anarquía metafórica, por pequeño alcance que tenga.